Cambié de nombre / I changed my name

“Barcelona, Londres y Tilligte” no cabía en la tarjeta de visita. / “Barcelona, London and Tilligte” didn’t fit on my business card.

La nueva: no es regla inflexible, pero en general la Barcelona estival es imposible por sus calores y sus quemados, la Londres hivernal por sus fríos y sus Papás Noel -los hígados ya recuperados de Barcelona- contentos y colapsados en las aceras.

Con respecto a la migración estacional: aunque mi amigo de arriba les ha asignado más o menos la misma tarea, la golondrina parece más romántica que el mosquitero …

[
¡canta, comilón!

]

… pero llega hasta la África meridional, cosa complicada en el Piaggio Ape 50.

No obstante, el organillo es, por supuesto, nada más que una excusa para un forastero vagabundo:

… y estaría muy feliz si pudiera viajar con ello con regularidad dentro de los territorios que conformaban el Imperio Belga en 1990.

Con esto en mente he estado trabajando recientemente en mi italiano, que en su forma escrita parece bonito pero sencillo, como todas las lenguas impulsadas por el estado:

In una caverna sotto terra viveva uno hobbit. Non era una caverna brutta, sporca, umida, piena di resti di vermi e di trasudo fetido, e neanche una caverna arida, spoglia, sabbiosa, con dentro niente per sedersi o da mangiare: era una caverna hobbit, cioè comodissima.

Aveva una porta perfettamente rotonda come un oblò, dipinta di verde, con un lucido pomello d’ottone proprio nel mezzo. La porta si apriva su un ingresso a forma di tubo, come un tunnel: un tunnel molto confortevole, senza fumo, con pareti foderate di legno e pavimento di piastrelle ricoperto di tappeti, fornito di sedie lucidate, e di un gran numero di attaccapanni per cappelli e cappotti: lo hobbit amava molto ricevere visite.

In a hole in the ground there lived a hobbit. Not a nasty, dirty, wet hole, filled with the ends of worms and an oozy smell, nor yet a dry, bare, sandy hole with nothing in it to sit down on or to eat: it was a hobbit-hole, and that means comfort.

It had a perfectly round door like a porthole, painted green, with a shiny yellow brass knob in the exact middle. The door opened on to a tube-shaped hall like a tunnel: a very comfortable tunnel without smoke, with panelled walls, and floors tiled and carpeted, provided with polished chairs, and lots and lots of pegs for hats and coats—the hobbit was fond of visitors.

La Costituzione della Repubblica Italiana me parece buena idea.

Los westerns subtitulados y doblados en italiano -sencillos pero bonitos- también me van bien. (La República Federal de Alemania empezó con la televisión diurna antes de los Países Bajos, por lo que muchos holandeses mayores tienen una vaga sospecha de que los indios y vaqueros hablan alemán.) Los mejores se hicieron en la línea al oueste de Madrid, la de Arturo Barea (La forja de un rebelde):

Poco dura lo bueno. Mi madre ha venido anteayer y mañana nos vamos, yo a Navalcarnero y ella a Madrid a seguir trabajando.

Como el tren para un cuarto de hora en la estación arrastro a mi madre a ver la locomotora. Es una locomotora belga pequeñita, pintada de verde, casi cuadrada. No vale nada. Yo he ido en una locomotora grande. El tío José tiene un primo que es maquinista en la estación del Norte [Madrid] y lleva el expreso de París. Un día nos llevó al tío ya mí en una máquina sola hasta Segovia. Una máquina tan grande que me tuvieron que subir en brazos para llegar arriba, donde van el maquinista y el fogonero. Y desde allí salimos corriendo solos con el ténder, sin pararnos en ninguna estación. El fogonero echaba carbón por la boca abierta del hogar, que soltaba llamas, y atravesábamos el campo con la vía delante y detrás libre, sin nadie, brincando sobre los rieles, y a veces, corriendo sobre ellos, sin sentirlos, como si fuéramos por el aire. Mi tío contaba que, una vez, un maquinista, para no chocar contra otro tren, le dio vueltas a la manivela tan fuerte que se metió la manivela por la tripa. Salvó el tren, pero se quedó muerto, clavado allí en el freno. Hay también termómetros y manómetros y tubos de nivel con grifos pequeñitos y la cadena de pito, una cadena de hierro que se tira de ella y el vapor silba que se queda uno sordo del ruido. Todos los grifos escurren agua o aceite. Había uno que goteaba mucho y yo le quise cerrar. Salió un abanico de aceite caliente que nos manchó a todos. Cuando cruzábamos un puente de hierro, todo bailaba: la vía, el puente y la máquina; y yo quería que corriera más para que pasáramos el puente antes de que se hundiera. Después volvimos en un tren, pero me aburrió el viaje dentro del vagón.

El tren es también pequeñito, como la máquina. Los vagones son «cajas de cerillas» con asientos de madera sucios, llenos de gente de los pueblos que lleva alforjas, cestas, gallinas atadas por las patas a las que tiran debajo de los bancos. Llevan a veces conejos, con la tripa abierta, enseñando los ríñones morados, y barrilitos de vino o cestas llenas de huevos metidos en paja. A veces, cuando llegamos a una estación, vemos por el camino que viene del pueblo a los viajeros corriendo por la carretera y haciendo señas para que espere el tren. Y el jefe de la estación les espera. Entran con los bultos y se dejan caer en los asientos, sudando de la carrera, con sus cestas y sus alforjas.

Navalcarnero es la estación más importante de la línea. Tiene un muelle con el techo de cinc y tres vías para hacer maniobras. Al lado de la estación está la fábrica de harinas, y un trozo de vía sale de la estación y se mete en la fábrica, haciendo una curva y pasando por debajo de la puerta de hierro. Cuando la puerta está cerrada, hace un efecto raro. Si se equivocaran de aguja, nosotros entraríamos con el tren y todo a través de la verja y nos meteríamos en la fábrica.

La abuela Inés está en la estación esperándonos. Hemos venido la Concha, mi madre y yo. Hasta fin de mes mi hermana y yo nos quedaremos aquí.


The new one: this rule is not inflexible, but in general Barcelona summers are impossible because of the heat and the burns victims, London winters because of the cold and the Santas -their livers already recovered from Barcelona- content and collapsed on the pavements.

Re seasonal migration: though my friend upstairs has assigned them roughly the same task, the swallow does seem more romantic than the chiffchaff …

[
¡sing, swine!

]

… but it goes all the way to southern Africa, tricky in a Piaggio Ape 50.

Nevertheless, the organ is of course nothing more than an excuse for a wayfaring stranger:

… and I’d be very happy if I could travel with it regularly within the territories that formed the Belgian Empire in 1990.

With this in mind I’ve been working recently on my Italian, which in written form seems beautiful but simple, like all state-driven languages:

In una caverna sotto terra viveva uno hobbit. Non era una caverna brutta, sporca, umida, piena di resti di vermi e di trasudo fetido, e neanche una caverna arida, spoglia, sabbiosa, con dentro niente per sedersi o da mangiare: era una caverna hobbit, cioè comodissima.

Aveva una porta perfettamente rotonda come un oblò, dipinta di verde, con un lucido pomello d’ottone proprio nel mezzo. La porta si apriva su un ingresso a forma di tubo, come un tunnel: un tunnel molto confortevole, senza fumo, con pareti foderate di legno e pavimento di piastrelle ricoperto di tappeti, fornito di sedie lucidate, e di un gran numero di attaccapanni per cappelli e cappotti: lo hobbit amava molto ricevere visite.

In a hole in the ground there lived a hobbit. Not a nasty, dirty, wet hole, filled with the ends of worms and an oozy smell, nor yet a dry, bare, sandy hole with nothing in it to sit down on or to eat: it was a hobbit-hole, and that means comfort.

It had a perfectly round door like a porthole, painted green, with a shiny yellow brass knob in the exact middle. The door opened on to a tube-shaped hall like a tunnel: a very comfortable tunnel without smoke, with panelled walls, and floors tiled and carpeted, provided with polished chairs, and lots and lots of pegs for hats and coats—the hobbit was fond of visitors.

La Costituzione della Repubblica Italiana seems like a good idea.

Italian-subtitled or -dubbed westerns are also good for me – simple but beautiful. (The Federal Republic of Germany had daytime television before the Netherlands, so many older Dutch people have a vague suspicion that cowboys and Indians speak German.) The best ones were made on the line to the west of Madrid, Arturo Barea’s line (La forja de un rebelde):

Poco dura lo bueno. Mi madre ha venido anteayer y mañana nos vamos, yo a Navalcarnero y ella a Madrid a seguir trabajando.

Como el tren para un cuarto de hora en la estación arrastro a mi madre a ver la locomotora. Es una locomotora belga pequeñita, pintada de verde, casi cuadrada. No vale nada. Yo he ido en una locomotora grande. El tío José tiene un primo que es maquinista en la estación del Norte [Madrid] y lleva el expreso de París. Un día nos llevó al tío ya mí en una máquina sola hasta Segovia. Una máquina tan grande que me tuvieron que subir en brazos para llegar arriba, donde van el maquinista y el fogonero. Y desde allí salimos corriendo solos con el ténder, sin pararnos en ninguna estación. El fogonero echaba carbón por la boca abierta del hogar, que soltaba llamas, y atravesábamos el campo con la vía delante y detrás libre, sin nadie, brincando sobre los rieles, y a veces, corriendo sobre ellos, sin sentirlos, como si fuéramos por el aire. Mi tío contaba que, una vez, un maquinista, para no chocar contra otro tren, le dio vueltas a la manivela tan fuerte que se metió la manivela por la tripa. Salvó el tren, pero se quedó muerto, clavado allí en el freno. Hay también termómetros y manómetros y tubos de nivel con grifos pequeñitos y la cadena de pito, una cadena de hierro que se tira de ella y el vapor silba que se queda uno sordo del ruido. Todos los grifos escurren agua o aceite. Había uno que goteaba mucho y yo le quise cerrar. Salió un abanico de aceite caliente que nos manchó a todos. Cuando cruzábamos un puente de hierro, todo bailaba: la vía, el puente y la máquina; y yo quería que corriera más para que pasáramos el puente antes de que se hundiera. Después volvimos en un tren, pero me aburrió el viaje dentro del vagón.

El tren es también pequeñito, como la máquina. Los vagones son «cajas de cerillas» con asientos de madera sucios, llenos de gente de los pueblos que lleva alforjas, cestas, gallinas atadas por las patas a las que tiran debajo de los bancos. Llevan a veces conejos, con la tripa abierta, enseñando los ríñones morados, y barrilitos de vino o cestas llenas de huevos metidos en paja. A veces, cuando llegamos a una estación, vemos por el camino que viene del pueblo a los viajeros corriendo por la carretera y haciendo señas para que espere el tren. Y el jefe de la estación les espera. Entran con los bultos y se dejan caer en los asientos, sudando de la carrera, con sus cestas y sus alforjas.

Navalcarnero es la estación más importante de la línea. Tiene un muelle con el techo de cinc y tres vías para hacer maniobras. Al lado de la estación está la fábrica de harinas, y un trozo de vía sale de la estación y se mete en la fábrica, haciendo una curva y pasando por debajo de la puerta de hierro. Cuando la puerta está cerrada, hace un efecto raro. Si se equivocaran de aguja, nosotros entraríamos con el tren y todo a través de la verja y nos meteríamos en la fábrica.

La abuela Inés está en la estación esperándonos. Hemos venido la Concha, mi madre y yo. Hasta fin de mes mi hermana y yo nos quedaremos aquí.

[:en]One less river to cross[:]

[:en]The secrets of Erith Driving Test Centre.[:]

[:en]

  1. Do your test in late July. You won’t skid all over the place when they take you up to Belvedere, which is a kind of L-driver lunar graveyard. I’ll tell you about the other advantage in a moment.
  2. Before you go to meet your fate, you’ll need a relaxing al fresco banana and slash. The best place is at the far northern end of Manorway: Lidl distribution centre to right of you, bus depot to left of you, quiet footpath leading to the Thames estuary in front of you.
  3. Park your bike behind the building or the learners will use it for target practice.
  4. When you’re finished, it being late July, go back to your banana peel, leave your bike, and walk to the Thames. The blackberries along the path are OK, but they’re far better if you walk 100m right along the river bank. I collected around 25 quid’s worth at Waitrose prices between my M1 last Thursday and my M2 today. They’re quite bitter but full, so no point in waiting much longer.

    I’ve got a bit of a blackberry fetish. A decade ago I was doing something quite stressful and tiring in London, and leading a fairly ambitious nocturnal existence. On the August Bank Holiday Saturday, I cycled south to drink some of this excellent beer, but soon realised there was something wrong – even slower than usual, and a terrible sense of doom – and a couple of miles short of the festival tent all systems said no thanks. Then out of nothing, an endless hedge of blackberries, where I grazed for half an hour until I looked like a Nazi zombie (Hitler’s bicycle corps was notorious). It then occurred to me that lying in bed for a couple of days might reasonably be preceded by a couple of beers.

    But:

    But the ripest blackberries,
    Nor the mulleins topped with gold,
    Peach nor honey-locust trees,
    Nor the flowers, when all are told,

    Pleased us like the cabin, near
    Which as silver river ran,
    And where lived, for many a year,
    Christopher, the crazy man.

    Or something along those lines. I didn’t know Alice and Phoebe Cary, but I rather like them.

So, I got my licence. Now I need to buy a second-hand Piaggio Ape 50 panel van, preferably near London / Bristol.

The Organ-Grinder travelled to Erith courtesy of the Woolwich Ferry, probably London’s greatest ride.[:]

[:en]¿Qué color le pongo a mi Piaggio Ape 50 furgón?[:]

[:en]Con una canción sobre los ladrones de sandías y un rediseño del güeb.[:]

[:en]Los coloristas pueden considerar las opciones aquí.

Llevo años pensando en viajar con tricicleta y organillo. La primera prueba de concepto fue cuando dejé mi casa en la frontera oriental de Holanda en una bicicleta (con freno contrapedal, sin marchas), con mi mejor vestido de gala puesto, y con la intención de llegar a Bagdad. Una vez allí, cantaría para el sangriento dictador un éxito retruécano en el dialecto urbano de Utrecht, “Za’ da’ m’n hoe’ zijn?” (“¿No será eso mi sombrero?”) En el primer pueblo alemán unos niños me apedreaban por traidor al género, y volví a casa para cambiar en bañador y recoger el kazoo, que siempre olvido. Llegué via Polonia hasta Szeged en Hungría, donde me contaban que en Serbia había guerra, y que al seguir correría seguramente la misma suerte que Franz Lenz. El viaje salió en una novelita mala, sobre un físico jípi que lleva en sus alforjas dos cerditos llamados Tiempo y Despacio, que se recicló en un espéctaculo peor para niños. Pero la ambición es el primer refugio de este fracasado.

Ferry sobre algún río eslovaco.

Ahora sin embargo pienso dejar la tricicleta para más tarde y comprar una furgoneta para mis viajes, a saber un Piaggio Ape 50 cc, modelo furgón, porque

  1. Es veloz. Necesito unirme a mi destino un poquitín más rápido que los 15 km/h que son la triste realidad con 70 kilos de novia u organillo detrás. Nunca he tenido permiso normal de conducir por faltarme interés en la supervivencia de mis compañeros usuarios de la carretera, y no pienso llegar al máximo del Ape (38), pero 25 sería una velocidad cómoda y conocida.
  2. Es barato. La última vez que tuve contacto con los vendedores de la tricis de carga Evolo me comunicaron la bonita cifra de €8000 para un aparato que no me convence para el uso urbano, para no hablar de largas distancias. Las de Cycles Maximus son fantásticas – el mejor mecánico de bici en Amsterdam cuenta que la primera vez que vio a una salío a la plaza Dam para intentar darle la vuelta, y no lo consiguió – pero se desconoce si las van a volver a fabricar, e incluso sin motor auxiliar costaban unos €5200 hace un par de años. Me cuentan que el Ape lo puedes sacar a la carretera por unos €5000 en España.
  3. Es económico. Ponen 30 km/l gasolina.
  4. Es grande. Caben el organillo desmontado, el mono, y alguna cosa más. Murilee Martin dice además que en la cabina hay espacio para dos.
  5. Es circunnavegante. Puedes seguir las aventuras de Tuk Tuk Travels aquí.
  6. Está de moda. Top Gear le hizo un reportaje el verano pasado.
  7. Me independiza. He llegado a conocer a varios transportistas en el último año, todos encantadores, pero ya no soy niño.
  8. Es limpio. Más limpio que lo eléctrico.
  9. Es musical. He aquí O trerrote de Tony Tamarro, sobre las personas que le roban sandías a un conductor de Piaggio Ape (h/t Miquel Castañer):
  10. En resumen, es mono. Literalmente.

Ahora a sacar el permiso de conducir AM y tres ruedas.

También he hecho un nuevo güeb, que debería funcionar mejor en los moviles.[:]

[:en]Cosas de septiembre[:]

[:en]

  • La canción que más cantaba yendo este verano en bici desde Londres a Toulouse fue la Vecchia pianola de Katyna Ranieri. Un amigo italiano me dice que sueno como un gay español, que naturalmente es buena noticia.
  • Paré en Toulouse porque hacía un calor treméndo, pero antes también asusté a bastantes veraneantes intentando a recuperar mi falsetto, que perdí por culpa de mis dos grandes enemigos, la pereza y la cerveza. En Holanda cantaba contratenor a menudo con un quinteto masculino en la antigua catedral de Haarlem, pero lo dejé para un grupo de ska y jevi (más moza y menos madrugar, pensaba). Sé que no voy a alcanzar ese nivel de nuevo, pero es una cosa que me encanta hacer.
  • Gante y Francia no salieron al final – iba a actuar como telonero para una banda hippie-campesina, pero se perdieron en un bar. No pastanaga: en 2014 sí que iré, sin bohemios o con aspirina.
  • Amiga francesa: el poema de John Donne que canto se llama “Sweetest love, I do not go.” (¿Tienes fotos que podría utilizar? Tuve que salir corriendo como un tití tocado al final y no te podía preguntar.)
  • Alguien apostaba que no sabría cantar Postman Pat en noruego. Aquí en homenaje a Ana Botella hay parte de un primer intento:
  • Eva tiene un par de cuentos nuevos para los cuales estoy escribiendo la música.
  • Al parecer tengo un colaborador para los talleres educativos “Haz tu propio órganillo.”
  • Miss Cecily ya tiene furgoneta, pero la tricicleta también está a punto y el Piaggio Ape sigue siendo una opción atractiva para mi madurez.
  • Hay más noticia naciente, pero no es sazón para contarla aquí.

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