Putting together an organ-song based on “Gacela del amor imprevisto” late last night, the question did cross my mind:
Nadie comprendía el perfume
de la oscura magnolia de tu vientre.
Nadie sabía que martirizabas
un colibrí de amor entre los dientes.Mil caballitos persas se dormían
en la plaza con luna de tu frente,
mientras que yo_enlazaba cuatro noches
tu cintura, enemiga de la nieve.Entre yeso y jazmines, tu mirada
era un pálido ramo de simientes.
Yo busqué, para darte, por mi pecho
las letras de marfil que dicen siempre.Siempre, siempre: jardín de mi agonía,
tu cuerpo fugitivo para siempre,
la sangre de tus venas en mi boca,
tu boca ya sin luz para mi muerte.
Mirjam Schneider plays up the Islamic roots, for me it recalls Western Asian animist traditions involving wild men dressing up as wild beasts and biting through the jugulars of sheep and goats, while someone says it is simply Lorca and fellow-vanguardist José Antonio giving each other a blowjob.
I’m not saying he’s as bad as Joyce, who in Finnegans wake has simply lost his mind, but anything vaguer than Confessions of an English Opium-Eater needs an editor IMHO.
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